jueves, 26 de julio de 2012

EL DECALOGO DEL ADORADOR NOCTURNO

El Decálogo del Adorador Nocturno

11 Propuestas de Juan Pablo II para mejorar el rezo del Santo Rosario

EL DECÁLOGO DEL ADORADOR NOCTURNO

1. Celebremos nuestras Vigilias de noche y manteniendo la duración de 5 horas establecida.

2. No dejemos pasar un solo día sin hacer nuestra Visita a Jesús Sacramentado.

3. Mantendremos y fomentaremos el sentido expiatorio de la Adoración.

4. Nos sentiremos Obra de la Iglesia, adorando en nombre de la Humanidad e incluyendo en nuestras peticiones las necesidades del mundo entero.

5. Reavivemos las relaciones entre los miembros del Turno, procurando vernos alguna vez fuera de la Vigilia e interesándonos por sus cosas.

6. Trataremos de mantener buenas relaciones con todas las Asociaciones Eucarísticas.

7. Nos ofreceremos personalmente para participar en las tareas apostólicas de la Parroquia y de la Diócesis (en el Cuerpo de Cristo no puede haber miembros inactivos).
8. Consideraremos tarea apostólica propia de la Adoración promover el culto a la Sagrada Eucaristía.

9. Haremos lo posible por aumentar el número de Adoradores Nocturnos (como a mí me trajeron, debo yo traer a otros).

10. Estimaremos siempre característica propia de nuestra condición de Adoradores la devoción filial a María Santísima, madre y primera Adoradora del Hijo de Dios hecho hombres.


11 PROPUESTAS DE JUAN PABLO II PARA MEJORAR EL REZO DEL SANTO ROSARIO

1ª El ‘rosario’:

“Instrumento tradicional para rezarlo es el rosario. (...) Lo primero que debe tenerse presente es que el rosario está centrado en el Crucifijo, que abre y cierra el proceso mismo de la oración. En Cristo se centra la vida y la oración de los creyentes. Todo parte de Él, todo tiende hacia Él, todo, a través de Él, en el Espíritu Santo, llega al Padre.”

2ª Inicio adecuado:
“En la práctica corriente, hay varios modos de comenzar el Rosario, según los diversos contextos eclesiales. En algunas regiones se suele iniciar con la invocación del Salmo 69 (...); en otras, se comienza recitando el Credo, como haciendo de la profesión de fe el fundamento del camino contemplativo que se emprende. Éstos y otros modos similares, en la medida que disponen el ánimo para la contemplación, son usos igualmente legítimos.”
3ª Enunciado del misterio:

“Enunciar el misterio, y tener tal vez la oportunidad de contemplar al mismo tiempo una imagen que lo represente, es como abrir un escenario en el cual concentrar la atención. Las palabras conducen la imaginación y el espíritu a aquel determinado episodio o momento de la vida de Cristo.”

4ª Escucha de la Palabra de Dios:
“Para dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente. (...) No se trata de recordar una información, sino de dejar ‘hablar’ a Dios. En alguna ocasión solemne y comunitaria, esta palabra se puede ilustrar con algún breve comentario.”

5ª El silencio:
“La escucha y la meditación se alimentan del silencio. Es conveniente que, después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado. El redescubrimiento del valor del silencio es uno de los secretos para la práctica de la contemplación y la meditación.”

6ª El «Padrenuestro»:
“Es natural que el ánimo se eleve al Padre. Jesús, en cada uno de sus misterios, nos ... quiere introducir en la intimidad del Padre para que digamos con Él: «¡Abba, Padre!». (...) El «Padrenuestro», puesto como fundamento de la meditación cristológico-mariana que se desarrolla mediante la repetición del Ave Maria, hace que la meditación del misterio, aun cuando se tenga en soledad, sea una experiencia eclesial.”
7ª Rezo pausado del «Ave María»:
“A la luz del Ave Maria, bien entendida, es donde se nota con claridad que el carácter mariano no se opone al cristológico, sino que más bien lo subraya y lo exalta. (...) El centro del Ave María, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el nombre de Jesús. A veces, en el rezo apresurado, no se percibe este aspecto central y tampoco la relación con el misterio de Cristo que se está contemplando.”

8ª Rezo adecuado del «Gloria»:
“La doxología trinitaria es la meta de la contemplación cristiana. En efecto, Cristo es el camino que nos conduce al Padre en el Espíritu. (...) Es importante que el Gloria, culmen de la contemplación, sea bien resaltado en el Rosario.”

9ª Considerar una jaculatoria final:
“(...) parece oportuno señalar que la contemplación de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos de la meditación del misterio. De este modo, el Rosario puede expresar con mayor eficacia su relación con la vida cristiana.”


10ª Conclusión adecuada:
“La plegaria se concluye rezando por las intenciones del Papa, para elevar la mirada de quien reza hacia el vasto horizonte de las necesidades eclesiales.”
11ª Las Letanías lauretanas y la Salve:
“Es como coronar un camino interior, que ha llevado al fiel al contacto vivo con el misterio de Cristo y de su Madre Santísima.”



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