lunes, 7 de mayo de 2012

EN EL SIGLO XIX LAS VIGILIAS DE LA ADORACIÓN NOCTURNA UTILIZABAN LA ORACIÓN DE LAS HORAS, HASTA NUESTROS DÍAS ¿ ESTÁ CADUCA LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA ?

Un buen día acudimos a la llamada del Señor a orar con El en las horas de la noche; el Jefe del Turno nos hizo entrega del Manual de la Adoración Nocturna Española y nos orientaba sobre el desarrollo de la Vigilia mientras el aspirante, pleno de curiosidad ansiaba el comienzo de la misma no sin dudar de su resistencia al sueño.

Comenzada la Vigilia, quizás todo nuevo para él; los rezos se hacen a dos coros, se entona el Himno inicial y se rezan los Salmos, etc.

Para muchos surge las dudas ¿ los Salmos quienes los escribieron ? … ¿ Aún se rezan los Salmos ? ¿ Los Salmos que son y para qué sirven ?

Curiosidades que aún vienen planteándose quienes comienzan la vocación Adoradora nocturna, si no todos, muchos nos la hicimos en nuestro comienzo.

Conforme vamos avanzando en el conocimiento de la Adoración Nocturna llegamos al conocimiento que desde sus comienzos, allá por el siglo XIX, se incluían estos rezos comunes en la oración colectiva. Con el transcurrir de los tiempos observamos como nuestros Pastores, desde el Papa, los Obispos, Sacerdotes, Religiosos se insiste en la necesidad de ésta oración “ de horas “ manteniendo vivo el contacto con Nuestro Señor y no sólo de los consagrados por el ministerio del Orden sino también nosotros los Seglares, pueblo sacerdotal, debemos dedicar todos los días del año un tiempo al rezo de Laudes, Vísperas y Completas ( no es suficiente practicarlo sólo en nuestras Vigilias ).

Te recomiendo acudas a http://www.liturgiadelashoras.com.ar/oficio.htm podrás encontrar cada día todo el contenido de estas lecturas para rezar tú el oficio del día

Aprovecho para incluir a continuación un e xtracto del libro "Oración al paso de las Horas", de Julian Lopez Martin.( Fundación Gratisdate)

La Oración de las Horas

Pero la Iglesia, enseñada por Cristo y los Apóstoles, nos ha enseñado para alcanzar la permanencia en la plegaria un medio sumamente precioso: la Oración de las Horas. Por éstas van siendo santificadas todas las horas de nuestras jornadas, y todo el tiempo de nuestra existencia va quedando impregnado de oración, de alabanza, de súplica, de intercesión y de acción de gracias. Así nuestra vida, haciéndose una "ofrenda permanente", se hace toda ella preparación y extensión de la eucaristía.

La Oración de las Horas centra en Dios la vida de los fieles, y ajustándose al ritmo biológico y secular de la naturaleza -día y noche, trabajo y descanso, vigilia y sueño-, asegura al Pueblo de Dios una armonía permanente entre la acción y la contemplación, entre el tiempo laborioso y el festivo, entre la atención a este mundo y la expectación del cielo. En una palabra, hace que los fieles participen de la armonía de la vida de Cristo:

"Su actividad diaria estaba tan unida a la oración que incluso aparece fluyendo de la misma, como cuando se retiraba al desierto o al monte para orar, levantándose muy de mañana, o al anochecer, permaneciendo en oración hasta la cuarta vigilia de la noche" (OGLH 4).

¿Pero esta armonía, siempre mantenida, entre orar y laborar, realizable sin duda en la vida monástica, no será un ideal imposible para los sacerdotes, religiosos y laicos que viven en el mundo? El Vaticano II pedía expresamente que en la ordenación de la plegaria eclesial se tuvieran en cuenta las condiciones de la vida actual (SC 88). En estas condiciones de la vida moderna se presentan sin duda dificultades peculiares para un ritmo habitual de la oración, como pueden ser a veces jornadas laborales prolongadas, seguidas de largos descansos, tiempos empleados en viajar al trabajo, horarios cambiantes, difícilmente previsibles, etc. Pero también se dan facilidades considerables, al menos en relación a épocas pasadas: limitación acentuada del horario laboral, racionalización ordenada de los tiempos de trabajo, horarios fijos, fines de semana y vacaciones mucho más amplios, etc. No exageremos las dificultades. De hecho, la gran mayoría de los ciudadanos modernos viven un horario sumamente rutinario, y cada día -según nos informan las estadísticas- dedican a la lectura de los diarios media o una hora, y a la contemplación de la televisión dos o tres horas. Y todo ello con una considerable regularidad, aunque haya días en que no puedan hacerlo...

Imitando a Jesús, nosotros debemos abrir espacio en nuestra vida para la oración, lo que, no siempre, pero a veces, nos exigirá madrugar, o trasnochar, o despedirnos de la gente con quien estamos -como él lo hacía, llegado el caso (+Mc 6,46). La experiencia, no sólamente la teoría, nos enseña que generalmente los cristianos que valoran de verdad la oración como un valor esencial, hallan tiempo para ella, y que incluso lo hallan con una cierta regularidad diaria. La oración privada, "en lo secreto" (Mt 6,6), sea o no la de las Horas litúrgicas, no suele ser en modo alguno irrealizable.

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